La transición hacia la menopausia representa una etapa de profundos cambios físicos y hormonales para las mujeres, un proceso biológico natural que marca el fin de la edad reproductiva. Históricamente, la atención médica y social se ha centrado en los síntomas más conocidos y visibles, como los sofocos, los sudores nocturnos y los cambios repentinos en el estado de ánimo.
Sin embargo, el climaterio abarca una complejidad mucho mayor que altera diversos sistemas del organismo humano, lo que a menudo toma por sorpresa a quienes lo experimentan. La falta de información genera que muchas manifestaciones clínicas sean ignoradas, minimizadas o atribuidas simplemente al envejecimiento general.
Esta invisibilización de síntomas menos populares crea una barrera para el diagnóstico temprano y el bienestar integral de la población femenina. Por ello, los expertos insisten en la importancia de educar sobre el impacto sistémico de este periodo para garantizar un acompañamiento de salud adecuado, oportuno y preventivo.
Afectación silenciosa en las articulaciones
En una reciente entrevista, la ginecóloga María Pancorbo, especialista del Hospital Vall d'Hebron, explicó que el dolor en las articulaciones y la rigidez al despertar están muy relacionados con la baja de hormonas, especialmente de los estrógenos.
Estas hormonas no solo sirven para la reproducción, sino que protegen las articulaciones. Al disminuir su presencia, cerca del cincuenta por ciento de las mujeres sufren molestias en dedos y muñecas que suelen durar menos de media hora.
La experta advirtió que no se debe restar importancia a estos dolores ni verlos como algo normal de la edad. Además, señaló que factores como el estrés, el mal descanso y la ansiedad bajan las defensas contra el dolor, haciendo que las molestias se sientan con mayor intensidad.
Para combatir este problema, Pancorbo recomendó mantener un estilo de vida activo y saludable. El ejercicio de fuerza, caminar de forma moderada o la natación son excelentes herramientas para cuidar la movilidad de los huesos y reducir de gran manera el sufrimiento físico.
Por último, la doctora mencionó que una dieta antiinflamatoria y el control del peso son claves, pues el exceso de grasa aumenta la inflamación del cuerpo. En casos leves, se puede recurrir a plantas medicinales bajo supervisión médica, mientras que para los síntomas más fuertes existen tratamientos hormonales específicos. Lo fundamental es consultar siempre con un profesional de la salud para recibir ayuda, evitar la resignación y mejorar la calidad de vida diaria de las pacientes.
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